Evitar navegación.
Principal

Lección Magistral 2000: Dr. Fernando Picó

Fernando Picó

UNIVERSITAS LUDENS

Lección inaugural, Universidad de Puerto Rico, Cayey, 15 de agosto 2000

"The play's the thing, wherein I'll catch the conscience of the King". 1 La obra de teatro representada por los actores itinerantes en Hamlet saca a la luz la intima realidad que todos los personajes hasta el momento han tratado de disimular. Un drama dentro de un drama teatraliza las líneas fundamentales de una situación humana suprimida. El juego de la representación hace posible sorprender al otro fuera de los lindes de su propia actuación. El rey fratricida es develado como actor que juega a ser hermano compungido y tío compasivo. La representación ha logrado revelar que sus espectadores son actores.

De las muchas formas lúdicas de agarrar la realidad, el teatro ha sido la más evidente y prestigiada en la tradición occidental. Pero no es la única. Como Johann Huizinga ha señalado en Homo Ludens , muchísimas facetas del quehacer humano tienen una dimensión de juego. La diplomacia, la guerra, los tribunales, la enseñanza, el comercio, la política, la medicina y el psicoanálisis suponen un despliegue de tácticas de juego entre las cuales podemos fácilmente advertir la asunción de papeles que constituyen el elenco esperado de cada representación profesional. Los diseñadotes de la teoría matemáticas de juegos pudieron detectar los elementos básicos de situaciones humanas, con o sin competencia, que se resuelven a partir de determinaciones lúdicas. Las aplicaciones de esta teoría en la economía y en la ciencia militar han dado resultados sorprendentes.

En el quehacer humano el juego teatral es quizás el mas fácil de detectar. Son actores los embajadores, los generales, los abogados, los jueces, los maestros, los comerciantes, los candidatos a puestos electivos, los médicos y los psiquiatras. Desempeñan bien o mal sus roles asignados el policía, el sacerdote y la azafata de la aerolínea. Hay un libreto, escrito o no, para cada profesión, y lo conocen los cajeros de los bancos, los dependientes de las tiendas y los trabajadores sociales. Cada cual representa ese libreto según sus capacidades y entendimientos. Nadie espera que la cajera en un Burger King se tome dietista y aconseje la ensalada en vez del whopper doble carne, ni quisiera que el policía se tornase en juez ni el banquero en psicoanalista. Juzgamos la capacidad de una persona por su desempeño del papel que se le ha asignado, por cuan bien representa el personaje.

En el ajedrez del diario vivir hacemos las consabidas jugadas de apertura, sacrificamos los peones de nuestros deseos espontáneos para poder mover las grandes piezas de nuestros intereses a largo plazo. Nuestras resistencias y nuestras apropiaciones muchas veces asumen un carácter lúdico. En las relaciones humanas recurrimos al juego para significar nuestros afectos. La perenne partida para mantener equilibrada la libreta de cheques no pocas veces evoca juegos infantiles del pescao, la cuica y el escondite. En el Rayuela de Cortazar reconocemos nuestras maneras arbitrarias de representar y explorar nuestras vidas. Hasta enfermos movilizamos tácticas lúdicas para eludir las medidas mas severas del doctor o los inconvenientes de la compasión ajena. Siempre tenemos barajas escondidas que esperamos resuelvan los aprietos; a veces la baraja escondida es un dinerito guardado dentro de una media, o un remedio casero, o una amistad de la escuela que esta ahora en el gobierno. A veces la baraja consiste de una enseñanza estoica, o una tacita resignación a lo absurdo, o es Dios. quizás, con una paciencia de hormiga, algún matemático pueda reducir todas estas transacciones a una nueva tercia de juegos.

I

Los académicos también jugamos. Probablemente nadie ha ficcionalizado mejor el juego intelectual que Hermann Hesse en Magister Ludi (Juego de. Abalorios) . su novela sobre un excepcional participante de un juego que nunca se llega a especificar. Solo se nos dice:

Una jugada podía partir de una configuración astronómica fijada o del tema de una fuga de Bach o de un pasaje de Leibniz o de los Upanishads, y desde el tema, según la intención y la capacidad del jugador, se podía proseguir y elaborar la idea madre evocada o enriquecer su expresión, con ecos de ideas vinculadas con el. Si el principiante sabia establecer, con los signos del juego, paralelos entre una música clásica y la formula de una ley física, para un conocedor y maestro el juego conducía libremente desde el tema inicial a ilimitadas combinaciones. 2 Nunca sabemos como se juega y en que consiste la partida, pero toda la novela esta imbuida de la dinámica lúdica que absorbe y acapara la vida del protagonista. Es tanto una representación del intelectual que se afana por relacionar fenómenos como de todo ser humano que prolonga la partida con su mortalidad en la esperanza de un desenlace imprevisto.

En los dos niveles se despliega el afán universitario por barajar el conjunto de realidades que llamamos mundo, en el nivel de los conceptos y en el nivel de las vivencias. A los estudiantes que ingresan en nuestras aulas le presentamos un universo sujeto a la racionalidad científica. Las leyes de la física, de la química, de la biología, los axiomas de las matemáticas, los principios que delimitan cada disciplina, la rigurosidad que rige el desempeño de las profesiones, la claridad de los métodos de investigación y verificación, los ordenamientos gramáticos, las reglas de la hermenéutica, la inevitabilidad de los métodos de contabilidad, la necesaria distinción y jerarquía de las instituciones, el imperativo de la exactitud en la computación, todo el ensamblaje de los saberes se sitúa en un ordenado escenario de racionalidades que se postulan como compatibles y complementarios.

Espoleado por tantas seguridades el estudiante avanza confiado en esa galería de paisajes y bodegones que reclaman constituir el conjunto posible de las representaciones de la realidad, amparando el anhelo de que algún recuadro recoja el perfil de su sentir. Pero según progresa por el impresionante muestrario de los saberes humanos le va picando el escozor de una intuición. Aquello que el o ella siente, las dificultades concretas que encuentra, sus angustias, ansiedades y deseos mas profundos solo a tientas puede reconocerlos en los panoramas representados. Se percibe como viviendo en dos niveles, uno el de sus clases, laboratorios, exámenes y ensayos universitarios, y otro el de la calle, el hospedaje, el trabajo, el fin de semana, el de su vida intima y su situación personal.

Llega un momento en que los acicates de un mundo devalúan las exigencias del otro, y es mas previsible que la cotidianidad desbanque a la racionalidad que lo opuesto. Puede darse entonces o un abandono de los estudios o simplemente un acomodo. En este ultimo caso se le sigue prestando acatamiento al mundo de la racionalidad, pero es una mera observancia, un rito de contestar preguntas de exámenes, llenar requisitos, reunir los créditos necesarios y graduarse. El fuego interno se ha apagado, el afán de participar en el torneo intelectual, de romper lanzar por algún ideal, de encontrar, descubrir, inventar se ha desdibujado. A pesar de todos los créditos que el Registrador le adjudique, el estudiante dejo de ser universitario; esta matriculado, pero sus intereses son ajenos a sus rutinas estudiantiles.

II

En espíritu ha desistido de la universidad, y sin embargo solo había llegado a la antesala de ella. quizás dudo si había alli algo mas que esos saberes que le parecían disecados, pero solo alcanzo a percibir estancias mal iluminadas cuyos catálogos suscitaban escaso interés. No vio mas juego posible ni otra cancha que aquella ya reconocida, y el afán intelectual se le ocurrió una quimera, un entretenimiento quizás, en todo caso una palestra poco rentable, predecible e inconsecuente.

Si hubiera avanzado un poco mas en el juego quizás su opinión no hubiera cambiado sustancialmente, porque en su segunda etapa la partida es mas exigente. El mundo y los saberes ya no se representan como ordenados y coherentes, sino como frutos del azar, la arbitrariedad y los entendidos a medias. El lenguaje resulta insuficiente y ambiguo, la observación depende de la situación del observador, las disciplinas pierden sus contornos, y los métodos de investigación son solo acuerdos entre caballeros y damas para respetar las reglas del juego. No hay armonía entre la macrofísica y la microfísica; el acceso ilimitado a la información no garantiza su interpretación; las grandes obras de la literatura y la filosofía resultan ser solo el acervo arbitrariamente escogido de un fragmento de la humanidad. Los proyectos nobles y generosos se develan como entrejuegos de personalidades capaces de sublimación. Como el listado de los deportes considerados olímpicos, el elenco de las materias universitarias se plantea como fruto de negociaciones contenciosas, "te doy tres créditos mas en ingles si me respaldas en hacer un requisito la historia del arte". La educación universitaria resulta ser un buffet dominical en el cual por un precio razonable uno se puede servir todas las cosas picantes y dulces sin tener que comerse los vegetales.

En esa etapa de la partida intelectual, el actor humano, lejos de representar un agente conocedor y responsable del orden, se representa como el máximo trangresor del cosmos, dilapidador ecológico, depredador de su propia especie, solo y abandonado en una esfera rotante de un pequeño sistema planetario en un rincón de una entre cien billones de galaxias. El universo antropocéntrico del siglo 15 ha cedido al caos centrifugo del 21. La vida no tiene otro significado que el que por conveniencia le adjudiquemos; el saber es una ilusión acordada.

El sinsentido de los saberes en esa etapa del aprendizaje universitario contrasta con las vivencias que los y las estudiantes para ese entonces tienen. Le han cogido el gusto a la vida universitaria. Pertenecen a grupos y asociaciones, han identificado su área de mayor concentración, han desarrollado amistades, han recibido remuneración en algún trabajo, han asistido a conciertos, representaciones teatrales, cineforos, talleres, tertulias y conferencias, quizás han viajado, posiblemente se han independizado de la tutela familiar. Han tenido alguna medida de éxito y se sienten mas seguros de si mismos que cuando llegaron como prepas . Todo esto quizás les exima en algo de cobrar conciencia del desesperado estado de su búsqueda de conocimientos. La teoría y la praxis se habrán distanciado, pero es agradable estudiar en grupo, deja memorias gratas repasar las fotos de aquel taller, aquel viaje estudiantil, y viste mucho hablar de futuros alternos, de maestrías y doctorados, escuelas de medicina y de derecho. Si el mundo es ulteriormente absurdo o no, se lo dejan a los filósofos; por el momento la tarea es el laboratorio, el seminario, la practica.

En esas experiencias concretas en que tantean las posibilidades y los alcances de su disciplina escogida los estudiantes pueden tener la suerte de toparse con algún profesor o profesora extraordinaria, que les exija mas, les rete, les confronte y cuestione, les devuelva sus trabajos todos garabateados y comentados, y en el curso de compartir una taza de café o un refresco, le hagan la pregunta o la observación que sirva de acicate para el resto de sus vidas. quizás no sea un docente quien provoque, sino un compañero o compañera de estudios, una lectura accidental, unas imágenes acuciantes. Si esta experiencia se da, la universidad habrá sido algo mas que la proveedora de una formación técnica y de algunas destrezas burocráticas.

Aquel o aquella estudiante que tiene la suerte y la capacidad de plantearse el significado ulterior de sus estudios buscara afanosamente incorporarse a la tarea intelectual, al equipo de grandes ligas. La formación universitaria para el o para ella dejara de ser el tour de force de recolectar créditos necesarios para graduarse, y habrá venido a perfilarse como la peregrinación, la búsqueda del Santo Grial, la subida al Monte Everest. Reflexionara, y se dará cuenta de las escandalosas lagunas en su disciplina, las maravillosas oportunidades de investigar y descubrir, analizar y conciliar saberes. Sentirá impaciencia, empezara a cuestionar a sus profesores y sus textos, y detrás de cada ejercicio de explicación detectara las practicas dudosas de una representación incompleta.

III

Y es en esa coyuntura cuando la universidad consolida su éxito o se manifiesta insuficiente. Es por ese pequeño trecho en la vida del estudiante que la universidad se desvive. ¿Cuajará la integración de sus saberes, prendera el fuego inextinguible de su compromiso intelectual, se dará el injerto del afán universitario en el árbol de la vida, o tendremos un graduado mas, una graduada mas con titulo suficiente para una plaza probatoria en alguna empresa o institución, crédito en un banco, tarjeta de presentación, estacionamiento reservado? Si la universidad sirviera solo para asegurarle un empleo a sus graduandos pudiéramos sustituirla con el internet . Por pequeña que sea cualquiera biblioteca municipal, siempre tendrá espacio para almacenar la suma de todos los conocimientos con que un universitario se gradúa. Por eso, aunque las bibliotecas están al centro de la vida universitaria, no podemos confundir una universidad con una biblioteca. Un campus universitario sin biblioteca es meramente un parque de recreación pasiva, pero una biblioteca universitaria sin lectores es solo un paraíso prometido para la polilla.

¿Y quien estimula a leer? Leer, no para buscar datos, como se lee la Guía Telefónica, leer no para adornar con citas bonitas un calendario, sino leer hasta devorar un libro, hasta entender su tuétano, hasta desmenuzar sus huesos, leer como se lee solo cuando hay hambre de leer, cuando la muerte de Sócrates es noticia y acompañar a Dante en sus jornadas provoca pesadillas, leer cuando se lee lo que ha sido prohibido y se genera la convicción de que esta prohibido prohibir.

¿Quien motiva a leer así? Solo lectores pueden iniciar a lectores, solo el que tiene el secreto puede divulgarlo. Cuando en el elenco de docentes universitarios hay grandes lectores, es inevitable que contagien a sus estudiantes. Hay estudiantes que le rebuscan los libros al profesor, que van corriendo a la librería o a la biblioteca a buscar una copia, que están ansiosos de tenderle trampas, a ver si lo leyó todo, que se leen hasta las reseñas del libro para poder entablar una discusión. Estudiantes así son peligrosos, quieren saber mas que uno, son capaces de hacer preguntas la clave de cuyas contestaciones solo ellos la tienen, estudiantes así, que acechan, intimidan, muerden y despedazan, hay que salir de ellos, hay que enviarlos a escuela graduada, hay que doctorarlos, para que dejen a uno en paz y con suerte lo releven a uno en la cátedra.

En una universidad donde se lee mucho, se piensa bastante, y si se piensa, hay quien escriba. El problema que confrontamos en el mundo universitario puertorriqueño es que no se escribe lo suficiente. Para empezar hay muy pocos profesores de cursos de educación general o de cursos requisitos de facultad que requieran trabajos escritos de sus estudiantes. Aim mas, muchas veces los examenes, tanto parciales como finales, no son de discusión, sino de escoger una de cinco, parear, llenar blancos y hasta de cierto y falso. Los estudiantes estudian para reconocer la respuesta, pero por su cuenta no pueden enunciarla. Saben vincular los títulos con los autores, pero no tienen que dar cuenta de las obras. Se gradúan sabiendo que Maquiavelo escribió El príncipe . Hobbes el Levitan, y Marx El Capital , pero nunca podrán expresar en sus propias palabras que dicen esas obras, y que tienen que ver con nuestro mundo. Se les escuchara luego afirmar que El Príncipe es una novela un tanto lenta, Leviatán un comentario bíblico y El Capital una introducción a la banca. Da lo mismo que lo digan o no, porque sus pares en la sociedad no reconocerán la diferencia. Pero el problema no es que no sepan hablar de El príncipe , pero que vivan y paguen impuestos y voten en una sociedad donde el príncipe de turno manipula y tuerce los medios a su antojo, y la corrupción se representa como un desliz, y el atropello policial como una exageración, eso es grave. Que no se entienda que es la política, el juego político, el entrejuego partidista, el rejuego metropolitano, porque no se quiso discutir la esencia del estado y de la vida publica en una universidad, eso es fatal.

Solo induciendo al estudiante a articular su pensamiento por escrito podemos iniciarlo en la plena capacitación de su aptitud critica. Admitámoslo, eso requiere mucho trabajo. En otras latitudes hay asistentes de cátedra que se encargan de corregir estos trabajos. No es justo que un profesor que tiene seis secciones tenga que corregir 150 monografías una semana antes de las Navidades. Es verdad, pero si le pagamos a un profesor cabalmente por cuatro secciones, no tendrá que estar enseñando seis para sobrevivir económicamente, y si utiliza el tiempo bien remunerado para esas cuatro secciones pudiera ensenar a sus estudiantes a pensar articuladamente, por escrito.

Pero no coloquemos toda la responsabilidad en los profesores de cursos introductorios o de compendio. Es en la concentración donde la capacidad de redactar requiere cultivo, abono, poda e injerto. Que un estudiante de Educación no sepa ensayar una comparación de Piaget y Freire, que no pueda diseñar por escrito una estrategia pedagógica, que sea incapaz de explicar las maneras alternas de integrar nuevos conocimientos a currículos rebasados, y graduarlo así, eso es sentenciarlo a treinta anos de mediocridad y frustración. Maestros que no saben escribir, ¿cómo van a ensenar a pensar?

Sin embargo, no se trata solo de consideraciones sobre la practica de tal o cual profesión. Para poder integrar los saberes, para rebasar esa etapa en que todo aparece desmenuzado, incoherente y contradictorio, hay que aprender a plantear problemas, organizar respuestas, analizar, resumir, exponer, arguir, llegar a conclusiones. Un ciudadano educado en una democracia no puede pretender menos. Si no puede razonar, no puede detectar las trampas y los sofismas de quien lo quiere manipular. No tendremos gobiernos de iguales para iguales cuando dos imágenes y una cancioncita valen mas que el análisis de un programa político.

El que aprende a escribir bien, desarrolla la destreza de pensar ordenadamente. Si renovamos los contenidos de nuestros cursos, pero no sus requisitos, incluyendo el de escribir, habremos avanzado poco en el camino de una reforma curricular. Pero aun logrando esto, no se ha conseguido esa cristalización de saberes, esa integración de conocimientos que aseguran la agilidad de un proceso de educación permanente.

Aquí es cuando ayuda recordar la dimensión lúdica de la vida intelectual. Imagínense a un arlequín, un manejador de marionetas, un mimo, y un funámbulo discutiendo sobre cual seria el método mas efectivo de ganarse al publico. El arlequín diría que el secreto esta en hacerlos reír desde el primer momento. El manejador de marionetas afirmaría que lo importante es capturar su imaginación. El mimo sostendría que lo esencial es mantener al publico en suspense. Y el funámbulo arguiria que solo el que se juega la vida puede completamente interesar al espectador. Para nuestro publico, los docentes universitarios a veces hacemos el papel de arlequín, a veces el de titiritero, no pocas veces el de Marcel Marceau, pero es solo cuando caminamos por el alambre tendido sobre el vacío que monopolizamos el interés de nuestra audiencia. El verdadero test es el de la autenticidad. Con palabras podemos compaginar concordancias entre disciplinas y vida cotidiana; podemos decir cosas bonitas sobre la integración de los saberes; podemos hacer compromisos rituales con la investigación; pero solo nos creen cuando es obvio que estamos entregados a nuestro oficio, al punto de arriesgarlo todo por ser consistentes, íntegros, y consecuentes.

Son pocas las veces que algunos pueden estar llamados a hacer ese performance vital, como son pocas las veces que los puentes o los diques son verdaderamente puestos a prueba. Lo necesario en los puentes y diques es que inspiren confianza, no solo cuando están bajo embate, pero también cuando evocan en sus frecuentadores el suficiente sentido de solidez para asegurar el pasadla sosegado. Las personas cabales tienen esa capacidad de inspirar confianza en todo momento. Es como viven sus convicciones lo que hace la diferencia.

Cuando son universitarios el desempeño existencial de estas personas cabales es lo que finalmente inspira confianza en la empresa intelectual. El jugárselas, como se la juega el funámbulo, implica vivir siempre en expectativa y en preparación, sin el sobrepeso de retóricas y recetas pedagógicas. El funámbulo no se agita por ruidos rutinarios, rumores de voces, improperios intempestivos. Sus energías están dirigidas a su actuación y desde la vertiginosa altura de su oficio explora hasta el limite los precarios balances de la física newtoniana y aprecia las estabilidades que permiten su performance.

Es en la tercera etapa de su vida universitaria que el estudiante comprende que la universidad es el circo máximo, olimpo de los trapecistas del intelecto, vitrina fija de los monstruos de la investigación, jolgorio y justa, teatro y pista, menagerie y presdigitacion, donde se armoniza la contradicción y se duda de la verdad consentida. El estudiante que llega a entender eso, que bajo una misma carpa caben Einstein y Santa Teresa, Freud y San Agustín, Aristóteles y Gandhi, el Popol Vuh y el Viaje del Beagle , los estudiantes que pueden integrar dentro de una misma función todos los espectáculos de una tarde de su vida llegaran a sospechar que en su tercera etapa, mas allá de los conocimientos memorables y las teorías deconstruccionistas, esta el placer de contemplar el conjunto y saltar del asiento al ruedo de los leones. Esa transgresion necesaria, que los convierte en actores, que afirma su subjetividad, asegura la continuidad del circo, e inclusive hace algo mas, muestra, en fin de cuentas, que para que haya circo tiene que haber espectadores, que los espectadores son actores, que son sus murmullos, expresiones de sorpresa, risa, aplausos los que constituyen al circo en espectáculo y el espectáculo en significado.

La particular irreverencia de representar a la universidad como un circo no dejara de agitar a algunas personas todavía comprometidas con la universidad como fortaleza de la razón o baluarte de la cultura nacional. 3 ¿Será posible que estas dos etapas históricas han sido rebasadas y la universidad no puede representarse de otra manera que como un espectáculo? Pero la metáfora del circo no solo abarca el papel de espectáculo, sino también la vigencia de una comunidad que hace posible que el espectáculo continúe. Una comunidad que a pesar del colapso de paradigmas y de discursos todavía convoca a un publico ávido de la calidad de su performance .

Calidad y no cantidad. La universidad no esta en el negocio de embalar y embarcar objetos, tabulando, unos para una carrera, otros para otra, tantos en premedica, tantos en administración de empresas, graduamos trescientos, ubicamos un gran porciento en Leyes, otros tantos en Ciencias Medicas. Es verdad que algunos miden el éxito institucional por tales cantidades; siempre será fácil contar cuerpos, pero la medida cualitativa, la que diferencia una gran representación de un ensamblaje mediocre, esa eludirá todas las contabilidades.

Pero entonces ¿cual es el rol social de la universidad? ¿A quien le responde? ¿Queda desvinculada del proyecto publico del estado? ¿Esta abocada a enmarcarse en discursos de excelencia, que descentran la vocación universitaria tradicional por la docencia y la investigación, y miden el éxito por la cantidad de apoyo que se recibe de fondos externos y de contratos con la empresa privada? ¿Admitiremos que los protagonistas de esa excelencia no son ya los profesores dedicados y los estudiantes brillantes, sino los administradores que aseguran el flujo de dinero? ¿Compraremos la noción de que los estudiantes son meros consumidores a los que se les venden unos servicios y los profesores unos asalariados cuya productividad se mide por su habilidad en vender esos servicios? ¿Acabaremos aceptando la noción de que los contenidos de los cursos no son tan importantes como la destreza con que se enseñan? En fin de cuentas, al renunciar a los modelos tradicionales de universidad, ¿no habremos renunciado al mito fundacional mismo que nos sostiene y nos anima?

Admito que no tengo las respuestas a todas esas preguntas, pero si creo que hay una pista importante para su averiguación. En el lenguaje nuevo que se utiliza para medir el éxito de una universidad hay un fuerte elemento metafórico. El accountability que se invoca es una palabra de crasa raigambre empresarial; en español la traducimos por responsabilidad, pero en ingles esta derivada del lenguaje de los contables. Si solo usamos la racionalidad del mercado para medir el éxito de una universidad y redujéramos el menú académico a la ley de oferta y demanda nunca tendríamos cursos que hicieran pensar y trabajar mucho. Química orgánica nunca ganara un concurso de popularidad. En un programa hecho para satisfacer la exigencia del menor esfuerzo filosofía hegeliana y calculo diferencial nunca tendrían un nicho. Leer a Shakespeare es mucho trabajo; mejor dar un curso de ingles basado en tirillas cómicas.

La universidad que base su currículo en la ley del menor esfuerzo acabara como esas tristes escuelas que otorgan certificados de asistencia y premios de simpatía. Nadie va a desarrollar músculos ejercitándose con pesas de algodón; nadie va a desarrollar pensamiento critico si solo se nutre de papilla intelectual. La calidad universitaria se mide por la capacidad de los estudiantes y profesores, no por sus muchos créditos, contratos y reconocimientos públicos.

¿Que hace grande a una universidad? Lo que hace. Y lo que hace depende de sus miembros constituidos en comunidad, de su entorno, de sus recursos, incluyendo su tradición, y de sus retos. De la manera como define los problemas y la manera como actúa sobre sus definiciones. Si entiende su entorno reconoce los retos fundamentales del momento y actúa sobre ellos. No es indiferente al mundo, pero es diferente, y esa diferencia garantiza su actitud critica, su creatividad, y su voluntad de actuar. Critica, crea, y actúa en su propio estilo, con los usos y costumbres del gremio universitario, en la buena tradición de una universitas ludens.



Notas:

1 Hamlet, acto 2, escena 2, líneas 609-10.

Hermann Hesse, El juego de abalorios , traducido por Aristides Gregori (4a. ed.; Buenos Aires: Santiago Rueda Editor, 1967), 35.

3 Sobre la crisis de la universidad en esta función de garante de la cultura nacional ver Bill Readings, The University in Ruins (Cambridge: Harvard University Press, 1996), capítulos 5 al 8.

Aprobado por la Comisión Estatal de Elecciones CEE-SA-08-1880

Comparte esta página